Alforque es uno de los municipios más tranquilos y singulares de la comarca, casi aislado por el lento trazado de los meandros encajados del Ebro. Durante siglos, su único vínculo con la otra orilla fue una barca de paso, y ese pasado fluvial se palpa todavía en el Mirador de la Barca, en la casa del barquero y en los zafaraches de la orilla, antiguas balsas para la pesca de anguilas. La iglesia tardogótica de San Pedro Apóstol, encaramada sobre un balcón natural con vistas al río, guarda en su portada las fechas en que el Ebro llegó a helarse: 1658, 1694 y 1891. Un lugar para quienes buscan rincones auténticos, paisaje sin artificios y la memoria viva del río.