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Gelsa es un municipio de contrastes donde el Ebro y el desierto monegrino se miran de frente. Su personalidad más singular la encontramos en el Barrio Morisco, uno de los conjuntos urbanos más llamativos de la comarca: calles estrechas y encaladas, muros ciegos, patios interiores y los famosos cubiertos —estructuras que salvan la calle uniendo dos viviendas— conservan fosilizada la arquitectura popular de Al-Andalus, herencia de los cuatro siglos en que la población mayoritaria fue mudéjar. La iglesia de San Pedro Apóstol guarda en su interior el relicario de la Santa Espina, una reliquia que custodia una espina de la corona de Cristo, mientras que la antigua barca de paso, aún en funcionamiento, conecta el pueblo con la mayor mejana del Ebro. En el monte, las rutas PR llevan hasta la Sabina Centenaria y el Pilón de las Lebatas, un vigía de piedra sobre el paisaje monegrino donde la huerta y la estepa se funden en el horizonte.