Son las ruinas de una modesta fortificación que debió de servir como defensa para la pequeña población de Matamala, un conjunto de efímera existencia en época medieval.
De los restos conservados puede deducirse que se trataba de un recinto rectangular con un torreón cuadrangular situado en uno de sus extremos. De ellos apenas queda en pie un lienzo y el arranque del otro pertenecientes al torreón, y un fragmento de muro del recinto rectangular. Es una obra de gran grosor y tosca ejecución, realizada en dos capas de mampostería irregular con relleno de piedras sueltas entre abundante mortero de yeso en el torreón, y de tierra con cascote en el muro del recinto (que parece haber sido originalmente de peor calidad). Uno de los muros del torreón presenta exteriormente revoque de yeso, lo que parece indicar que todos los paramentos exteriores se encontraban revocados.
El aparejo presenta similitudes con el del castillo de Alborge, edificado a partir de 1166.